Carisma y espiritualidad

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Claudina Thévenet, enteramente entregada a la acción del Espíritu, penetrada de un conocimiento íntimo de la bondad operante de Cristo y conmovida por las miserias de su tiempo, tuvo un solo deseo: comunicar este conocimiento; y una angustia; ver abandonados a su desgracia a quienes viven en la ignorancia de Dios.

Constituciones N° 3

El carisma es un don del Espíritu Santo dado a los fundadores que los hace capaces de realizar una misión para el bien de la Iglesia. El fundador o fundadora han intuido, a través de determinadas circunstancias, algo mucho más radical que solo un problema social o una necesidad histórica: el proyecto de Dios sobre la historia, sobre el mundo. Por eso no podemos describirlo solo por las actividades que desarrollamos. Hay mucho más de fondo: ¿Qué imagen de Dios Padre, de Jesús, del Espíritu, de María y de la Iglesia, alienta en Jesús María desde los orígenes como un germen vital? Y, ¿qué consecuencias nos trae como miembros de esta congregación?

En la vida de nuestra fundadora, Santa Claudina, como en la de otros fundadores, el carisma se recibe en el marco de una experiencia de Dios fundante, que totaliza la vida y la cambia radicalmente. En el contexto histórico marcado por la Revolución Francesa, el fusilamiento de sus hermanos y la enorme pobreza y desamparo de tantas personas especialmente niños y niñas, Claudina se dejó conmover por las miserias de su tiempo y allí, descubrió el rostro de Dios como Bondad en contraste con la maldad que prevalecía en esa época. Dios se le reveló como aquel que está constantemente actuando en nuestra historia y que es capaz de transformar la realidad. Ante este Dios-Bondad Claudina experimentó su debilidad y limitación humana, se descubrió incapaz de engendrar perdón por sí misma y por ello se sintió invitada a una transformación interior que le hiciera posible abrir su corazón a un amor que abarcara hasta los enemigos. Esta experiencia se convirtió en un envío: ayudar a los seres humanos a descubrir la bondad operante de Dios en la historia.

Claudina descubrió el corazón de Jesús y el de María como los lugares donde se historizó la bondad de Dios. Sin necesidad de predicarlos, ellos mostraron esa bondad con todos siendo misericordiosos con todos, expresando sus respectivas experiencias de Dios: Padre, Bondad, Perdón. Y así, ella descubrió en su propia vida que el perdón es lo que aniquila la espiral de violencia, lo que restaura y dignifica al ser humano en su verdad más honda: ser imagen de Dios.

En esta hora de la historia es a todos los que participamos del carisma de Jesús-María a quienes nos corresponde hacerlo “visible”. Estamos llamados a convertirnos en inspiradores y transmisores de ese carisma. Hoy como entonces, la bondad, el perdón, la justicia, la esperanza siguen siendo urgencias de esos otros mundos – el de la violencia, el de la pobreza, el del abandono, el del sinsentido, el de la desesperanza… -, dentro del único mundo.

Nuestra espiritualidad es cristocéntrica y mariana, nace del Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María y se centra en la Eucaristía. Desde los inicios, ha recibido la influencia de la espiritualidad legada por San Ignacio de Loyola. Los Ejercicios Espirituales, que realizamos cada año, y su pedagogía como camino de oración apostólica, nos dan herramientas para discernir juntas el proyecto de Dios en cada una y en nuestra historia.

Fuente: Lizbeth Vega Pasos rjm, Un acercamiento al carisma de Jesús María