Premio Sarmiento otorgado por el Senado Argentino

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El jueves 8 de noviembre, nuestra congregación recibió el Premio Sarmiento, otorgado por el Senado de la Nación Argentina, con motivo del Bicentenario de Jesús María. Le agradecemos la iniciativa a la Senadora Marta Varela, ex-alumna del Colegio Jesús María de Carlos Calvo.

En el acto participaron las religiosas y representantes de los cuatro colegios de Buenos Aires y el Centro Claudina. Los alumnos portaron las banderas de ceremonia, y Aimé Cuello, de 6to año del Colegio JM de Pablo Nogués brindó unas palabras. También contó con la presencia de Federico Pugliese, director de culto de la Ciudad de Buenos Aires, y la adeshión de Madre Mónica Josep, superiora general. El premio fue recibido por Madre Ruth Otero, superiora provincial, en representación de toda la familia de JM en Argentina-Uruguay.

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Video del acto:

Palabras de Aimé Cuello: 

Soy Aimé Cuello, estudiante de 6to año del Nivel Secundario del Colegio Jesús María de Pablo Nogués, Malvinas Argentinas, Provincia de Bueno Aires.
Lo primero que quiero expresar es que siento que Jesús María es un hogar de puertas abiertas, que enseña sobre la mirada de amor y compasión hacia el hermano,  que ayuda  a crecer y a seguir unidos por estos lazos entretejidos que Claudina; mujer valiente en el amor, tuvo el coraje de seguir adelante, a partir de la fe y el perdón.
La noche en que Claudina estaba dando su primer paso para concretar este proyecto, dijo haber sentido que estaba iniciando una “empresa loca y presuntuosa” ya que creía que quedaría en la nada, porque no tenía ninguna garantía de éxito.
Sin embargo, hoy; son las experiencias de Claudina y la fuerza de su carisma, la que está presente en 28 países del mundo; esa obra tan grande de la que este año festejamos sus 200 años.
Su proyecto siguió adelante a través de la entrega de muchas que como ella, dieron su “si”; y están dispersas en cada Obra, dispuestas a dar vida donde sea que estén, dejando su  huella en su misión de hacer conocer y amar a Jesús y a María. Con ellas, están todos los laicos que se han comprometido con estas instituciones;  apostando por cada uno de nosotros a lo largo de nuestro camino por el colegio. Sentimos que siempre nos acompañan en la fe, la bondad, la esperanza y la misericordia del Dios bueno.
Mayormente, lo que  nos llevamos de Jesús María; es la experiencia de un espacio de contención y acompañamiento para todos. No es una simple institución, sino algo más humano y cercano que es lo que nos hace sentir a muchos como una gran familia. Personalmente lo que me llevo en este último año como alumna son las enseñanzas transmitidas desde el lema de San Ignacio: “en todo amar y servir!”
Mientras escribía estas palabras, iba recordando todo lo compartido y vivido en este 2018: la gran  movilización que se hizo por estos 200 años con todas las personas que pertenecen a esta gran familia. Al instante, se me vino a la mente un  momento de la procesión que hicimos desde el Colegio Jesús María de la Calera, Córdoba; hacia la Misa Central del Bicentenario para toda la Provincia Argentina Uruguay.
En esa procesión yo era parte del grupo que estaba más adelante. Cuando íbamos caminando por un puente pude ver que éramos muchos lo que íbamos hacia esa Misa tan esperada, donde compartiríamos tanta vida. Fue ahí cuando pensé “cuánta razón tenía Claudina”  y pude decir, con ella: ¡Cuán bueno es Dios!

Palabras de M. Ruth: 

Buenos Aires, 8 de noviembre de 2018.

Sra. Senadora, autoridades, alumnos, padres…

Queridos amigos:

Quisiera compartir con ustedes lo que supone para nuestra Congregación recibir este reconocimiento, en un momento en que, desde la sociedad, se pone constantemente en duda el valor de nuestro empeño en educar para una vida, al servicio de los demás, como Jesús. Son momentos de recibir con humildad este aliento en el camino.

En nombre de todos los que formamos Jesús María en Argentina agradezco esta mención. Es alentador recibir este reconocimiento de la misión que hemos recibido e intentamos vivir.

Cuando nacía la Congregación, hace 200 años, en Lyon, se vivía un tiempo que en algunos aspectos se parece mucho al nuestro:

Los coletazos de la revolución francesa entusiasmaban a la sociedad, con el ideal de la libertad, la igualdad y la fraternidad.  La experiencia profunda de la bondad de Dios que Claudina había hecho en su corazón y el perdón desde el dolor, la llevaba a vivir también estos valores de su época desde la autenticidad de su propia experiencia. Con el color del amor que los teñía de ternura.

El significado de la libertad para Claudina, no era liberarse de Dios, sino confiar en Él, en su mirada amorosa sobre la vida de los hombres y mujeres, la libertad que la empoderaba para amar y hacerse cargo de las miserias que la guerra dejaba a su alrededor.

La igualdad se levantaba ante sus ojos como una urgencia del amor, como signo del Reino de Dios que alentaba su corazón para la entrega, y la llevaba a buscar con todas sus fuerzas que los más desfavorecidos tuviesen la posibilidad de vivir dignamente, las niñas que recogió, pudieron formar una familia, tener un trabajo, valerse por sí mismas, cosas que hubieran sido imposibles sin su intervención.

Pero el valor que encontraba mejor arraigo en su corazón, era la fraternidad, nacida de saberse hija amada de Dios junto con toda la humanidad. Esta conciencia de ser familia, y querer cultivar la fraternidad a su alrededor era lo que la movía. Claudina fundó la familia de Jesús María, se rodeó de hermanas con el fin de dar familia, y hermanos a los que no lo tenían.

Estas intuiciones que guiaron a Claudina Thevenet no tenían ninguna pretensión de concretarse en una institución que se extendiese en el mundo ni de que perdurara tantos años en el tiempo, eran la simple respuesta desde lo auténtico de su corazón a las miserias de su tiempo, pero hoy sigue vigente su estilo y la experiencia de donde nacieron.

Creemos que hoy sigue teniendo sentido buscar dar una respuesta a nuestra sociedad ofreciendo esa experiencia del Dios bueno, de la que nace el compromiso con el bien de todos. La conciencia de sabernos hermanos no nos deja en paz ante la desigualdad y la injusticia.

Jesús María es la familia que nació de esta experiencia y continúa dejando pasar por ella el deseo de su fundadora de que nadie se quede sin la posibilidad de conocer a Dios, que da sentido y calor a la búsqueda del bien común. Está presente en 28 países muy diversos, con un fuerte compromiso en la educación de los niños y jóvenes.

Hoy en Argentina estamos en distintas ciudades y pueblos, Pablo Nogués, Buenos Aires, Florencio Varela, Bella Vista, Córdoba, Corrientes, Tres Isletas y La Calera. También nuestra Provincia religiosas abarca Uruguay, allí estamos en Cardona y Montevideo.

Esta misión nos compromete a continuar con el ánimo renovado el servicio de la educación, abriendo el corazón al mundo, dejando que las miserias nos conmuevan y buscando responder desde el amor.