Ser Religiosa de Jesús María

Los rasgos característicos de la Religiosa de Jesús María, están descritos en nuestros Textos Constitucionales. Presentan un ideal que nos llama y nos atrae, moviéndonos a reconocer nuestra necesidad de la gracia de Dios y a pedírsela confiadamente “Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros” (Ef 3, 20).

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La Religiosa de Jesús María

es una mujer consagrada
abierta a la acción del Espíritu.
En respuesta a la llamada continua de Dios
y a ejemplo de María, la Virgen Fiel,
SIGUE A CRISTO APÓSTOL.

Él nos revela la inmensa bondad del Padre,

y nos abre a las miserias de nuestro tiempo,
invitándonos a vivir en la Fe, la Esperanza  el Amor
como testigos de su bondad y perdón:
¡Qué bueno es Dios!

Nos llama a ser sus discípulos

“Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29)

Y nos enseña a compartir en comunidad su vida y su misión,
con alegría y sencillez.

Él ha venido a traer fuego a la tierra,
y enciende y aviva nuestro celo apostólico,
en la contemplación de su Corazón y en el de María,
impulsándonos a la acción apostólica
con el único deseo de agradar a Dios,
dispuestas a perder la vida, como el grano de trigo,
para que otros la tengan en abundancia.

Se ha hecho Buena Noticia para todos y nos ha escogido
para anunciar su Nombre hasta los confines de la tierra:
“Soy yo quien os ha elegido, para que os pongáis en camino
y deis fruto, y un fruto que permanezca” (Jn 15,16)

Él no ha venido a ser servido sino a servir,
y nos envía como apóstoles suyo a evangelizar el mundo:
haciendo conocer y amar a Jesús y a María,
por medio de la educación cristiana,
con la preferencia de Claudina por los jóvenes,
y entre ellos los pobres.

Él deseó ardientemente cumplir en todo y siempre
la voluntad del Padre,
haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz,
y nos hace libres para buscar a Dios en todas las cosas
y todas las cosas en Él.

Ha entregado su Cuerpo y su Sangre por la Iglesia,
nos compromete a amarla profundamente tal como es,
“santa y siempre necesitada de purificación” (LG 8),
con una exquisita sensibilidad por los más débiles
y desfavorecidos,
y nos une vitalmente a ella
en la fe y en la obediencia a su Pastor.

Unida a Jesús, el Señor,
Himno de la gloria del Padre,
la Religiosa de Jesús María
vive su consagración
y su compromiso redentor en espíritu de alabanza:
SEAN POR SIEMPRE ALABADOS JESÚS Y MARÍA

(Libro de Formación de Jesús María 1983)