Testimonios

Porque soy feliz

SOY YO LA VIDA. Esto fue la frase que me hizo de una vez dejarme de negar mi deseo de ser monja. Un deseo que venía empujando desde lo hondo, que se hacía fuerte, pero que yo lo rechazaba. No quería perder mi vida como monja. Quería tener mi familia, con un hombre que me quiera solo a mi y yo a él, y unos hijos que tuvieran mis rasgos. Además, ¿cómo iba yo a hacer lo contrario de lo que siempre me había imaginado?

Pero de fondo había un deseo mucho más fuerte. Yo no quería el camino que me “tocaba” por el lugar donde me tocó crecer. Sentía que Jesús me invitaba a algo más pero no animaba a creerle.

Esta frase me hizo caer en la cuenta de que Jesús «es» mi Vida, que no me fuerza a nada, que soy yo la que quiero estar con Él, porque siento la certeza de que Él es mi vida.

Desde ahí me animé a reconocer mi deseo más hondo. Yo quería ser monja. A eso me llevaba mi libertad más honda, Jesús me invitaba a la libertad profunda y desde mi libertad, encontraba en esto mi vida.

Hoy puedo afirmar que cada año que pasa me siento más yo, más plena, más fecunda, más humana y puedo volver a decir con certeza que Jesús es mi vida.

Muchas veces me he preguntado: ¿por qué soy monja? Busco razones lógicas, explicables, medibles pero no las puedo encontrar. Y siempre termino en la misma respuesta de la que no puedo salir. La sencilla respuesta: “porque soy feliz”.

Xime Pigretti rjm

Será correr un riesgo, un salto de fe

En estas palabras quiero contarles por qué me animé a correr el riesgo, por qué me animé a dar este salto de fe, diciéndole sí a Jesús en su invitación de seguirlo.

No puedo decir que tuve todas las certezas en el momento de hacer esta opción, ni que sabía cómo iba a resultar. Fue asumir el riesgo de amar, de entregarme sin éxito asegurado ni garantías de felicidad. Solamente, la certeza y promesa de su amor fiel. Simplemente me arriesgué a confiar en la frágil intuición que latía bien dentro, en ese deseo profundo que Dios ponía de ser de Él, de su gente, de comprometer mi vida en su Reino, en su proyecto.

Hoy puedo decir que valió la pena dar ese salto de fe y de confianza, que gracias a eso pude descubrir un manantial de mucho vida y mucha música en mí para dar a los demás desde Jesús María. Gracias a eso descubrí que la vida es plena cuando la entregamos. Gracias a eso descubrí que gastar la vida para hacer conocer y amar a Jesús y María tiene sentido. Descubrí que es Dios el que me envía y sostiene en la misión y me anima a dar la vida allí donde voy. Descubrí que la gente tiene sed de Dios, de su amor incondicional, de hermanos con los cuales compartir la vida, las luchas. Descubrí que mis heridas, entregas y renuncias se transformaban en fuente de vida para otros cuando son abrazadas, asumidas, sanadas por Él.

Y vos, ¿te animás a correr el riesgo? ¿Te animás a escuchar tu intuición?

Sofía Padilla – Religiosa de Jesús María. Profesora de música.

Dios dibujó mi vida de la forma menos pensada

Cuando era chica me preguntaba, a veces con ansiedad, cómo sería mi futuro. Y como sabía rezar, pedía que fuera feliz, que para mí significaba estar  rodeada de amor.  Confiaba, pero me cuestionaba: ¿Cómo sería mi familia? ¿Cuántos hijos tendría? ¿Quién sería mi marido?

Cuando llegó el momento de tomar las primeras decisiones sobre el camino de mi futuro, sentía que no me alcanzaba con tener una linda familia… buscando más adentro y en diálogo con Dios quería “más”…  no me daba cuenta bien qué era ese más, pero sentía que no me alcanzaba.

Recurrí, como sabía hacerlo, a preguntarle a Dios, pero tampoco me daba instrucciones, ni una receta. Sólo me invitaba a mirar con la mayor sinceridad posible adentro de mi corazón.  Y me di cuenta de que había muchas cosas que me ataban. Personas a las que me interesaba mucho caerles bien, o lugares que no quería dejar de ocupar, entre mis amigos, la seguridad que me daba estar en familia… Cosas buenas, todas, pero que se me iban haciendo demasiado indispensables y no me dejaban avanzar.

Un día, en un campamento con mis amigos, en una celebración de la eucaristía junto a un río, vi todo eso con claridad, sintiéndome abrazada por Jesús. Y pude dar gracias por todas las cosas que se me daban sin que las buscara, por las amistades simples, por las relaciones abiertas, por mis amigos, mis primos, mis hermanos… Y dando gracias aprendí a confiar, y a escuchar mejor a Dios en mi corazón.

Me di cuenta de que mi vida era un regalo, que no podía controlar y manejar totalmente, ¡que la dinámica era otra!  Que era una cuestión de amor. Leí en una tarjeta: “La vida se nos da y la merecemos dándola”.  Y me sentí llamada a soltar las cosas a las que me agarraba y ofrecerle a Jesús mi vida para que la dibujara como Él quisiera.

Otro día volviendo de hacer un servicio en un retiro de chicos, me sentía muy feliz y me salió preguntarle a Jesús, ¿Qué más querés que te dé? Y muy dentro de mí sentí que me respondía: “Todo, quiero todo”. Eso me dio un poco de miedo, pero también mucha alegría. Entendí que darle todo era consagrarle mi vida. Y comencé a buscar cómo hacerlo.

Hoy siento que mi vida ha sido ¡tan distinta a lo que me imaginaba!  Incluso a lo que me imaginaba cuando entré a Jesús María.

Dios me sorprende, nunca me defrauda. Siempre es más lo que me da, de lo que yo puedo imaginar. Aunque a veces me desconcierta. Ahora entiendo qué era ese “más” que me inquietaba cuando buscaba.

El dibujó y sigue dibujando algo en mi vida, yo intento seguir sus dibujos.

Vos, ¿Cómo te imaginás tu futuro?

Ruth María Otero RJM

“La Vida Religiosa, don gratuito, un camino compartido”

Un Don no se compra, se recibe, se acepta, se vive; la vocación religiosa es regalo de Dios, se abraza en libertad y se vive con otros.

Recibir un regalo es algo generalmente gratificante, sin embargo recibir un regalo no esperado y no experimentado como tal produce rechazo y miedo.
Así fue la lógica de mi experiencia ante la posibilidad de ser “monja” ; pero la fuerza de lo aparentemente extraño, raro, anormal se parecía al desborde de un río, no podía contenerlo.
En el desborde empecé a percibir que no había obligación, sino todo lo contrario, la capacidad de abrazar lo inesperado; se trataba también de mirar la posibilidad de un camino compartido, sin garantía pero para mí lleno de posibilidades.
Asumir lo que irrumpía como don, provocó una fuerza diferente, el desborde comenzó a encauzarse, surcaba, abría brechas. Seguir a Jesús en Jesús María, caminando con otros y hacia otros es el don precioso de mi vida…a veces me desborda, a veces temo, pero sé que siendo mío, no me pertenece, sé que si lo oculto, se pierde, si no lo doy muere. Vivir así es don, llega, se abraza y se entrega.
¿Cuál es tu regalo, ¿Cuál es tu don?

Sandra Cazal Sánchez, Religiosa de Jesús María. Educadora Social. Estudiante de Ciencias Sagrada